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sísifo

volver...

volver...

Es curioso la importancia que tiene el lugar donde vives.

Cuando me fui de Mataró, pensaba que eso no tenía relevancia. Uno es de donde está a gusto, pensaba... y, ciertamente, podía crear un mundo nuevo en una ciudad diferente; no tenía que vivir siempre en el mismo lugar.

Al fin y al cabo, estamos en la "aldea global", donde el mundo se nos queda pequeño a todas luces...

Sin embargo, con el tiempo me he dado cuenta de la importancia que tiene para mi vivir en un sitio reconocible como un hogar. Salir a la calle y sentir que esas calles te pertenecen, que la ciudad te acoge.

Sé que buena parte de eso es un sentimiento subjetivo y que, si uno no lo lleva dentro, nunca se sentirá parte de nada. Pero hay otro ingrediente que yo desconocía y del que estoy aprendiendo a disfrutar desde hace bien poco.

Es cierto: Mataró no es la mejor ciudad del mundo, ni mi barrio el más glamuroso... pero son "míos".

También es cierto que a muchos de los que les he dicho que vuelvo deben pensar que estoy loca, cuando lo que ellos quisieran es huir bien lejos... pero ya he comentado que es un aspecto subjetivo que uno debe conocer y valorar (y que no siempre se tiene). De hecho, a mí misma cuando dije de irme, nadie me habría convencido de que buscara algo en mi ciudad natal.

Con el tiempo me doy cuenta de que, aunque uno quiera marcharse lejos de sus problemas y sus pasados, éstos vuelven. Y alejarse nunca es un buen remedio para mejorar. Puede que la mejor manera de enfrentarse al pasado es esa: volver, mirarlo a la cara y decirle que ya no está, que ahora nos preocupa el presente, y que el pasado, por mucho que nos atemorice o que nos amedrente, ya no va a volver. Y que lo que tenemos que hacer es esforzarnos por hacer que nuestro futuro se aleje en lo más posible de ese pasado que nos asusta. Hacer que el futuro sea aquel jardín que todos deseamos. Y darnos cuenta de que el futuro tampoco es, ni será nada. Hoy debemos hacer algo para que mañana nos guste.

Y yo ya he puesto la primera piedra: vuelvo a Mataró. A la ciudad que me vio nacer, que vio cómo me convertía en una adolescente insegura que luchaba por conseguir hacerse un lugar en el mundo... ciudad que vio como me iba hacia otro lugar sin reprocharme nada, sabiendo que necesitaba mi espacio para desarrollarme y crecer, para alejarme de aquella adolescente y crearme un "yo" a la medida de mí misma.

Puede que ahora no me asuste tanto volver porque realmente me he hecho la persona que siempre quise ser. Con mis defectos, claro, ¡como todo el mundo!, pero esa persona, al fin, que me gusta más de la que era cuando me fui.

Vuelvo renovada, con energías nuevas y grandes esperanzas de hacer de Mataró, por fin, mi ciudad, mi patria y mi lugar... de encontrar ese hueco que me pertenece en el mundo y que nunca tuve fuerzas para reivindicar. Ese hueco donde sé que me espera mi felicidad.

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