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ridículo
¿De dónde vendrá la sensación de ridículo? ¿A qué responde en realidad? No lo sé. Pero está claro que cualquiera de nosotros recuerda (y seguramente de hace no demasiado tiempo) haberlo hecho alguna vez. Creo que es algo bastante humano... pero no sé a qué viene... Lo que sí sé es que es una de las sensaciones negativas que más rabia me da.
Ayer (sin ir más lejos) pasé uno de los ridículos más espantosos de mi vida. Y lo peor de todo es que, como suele ocurrir, sólo me di cuenta yo. Y creo que eso es lo peor dentro de lo más malo...
No es suficiente con pasar un mal rato, ¡no! ¡Además es necesario que te des cuenta de que es un mal rato absolutamente innecesario, porque el motivo por el cual tu te sientes ridículo sólo lo sabes tu! ¿Habrá algo peor?
Porque uno debe pensar: "¡Sí!: claro que hay algo peor: ¡Cuando haces el ridículo y los demás también se dan cuenta!" (Del estilo de cuando te caes en un sitio público, o algo así)...
Pero yo creo que no. Yo me siento peor cuando por un motivo o por otro hago algo que, de pronto, pienso que me está dejando en un mal lugar, que siento o hago algo que no debería, y me pongo roja hasta la médula, y no sé cómo reaccionar, y balbuceo, y me siento como una cría... Y miro a mi alrededor y los demás no se dan cuenta, porque todo ese mal rato sólo existe en mi cabeza....
Empiezo a pensar que los seres humanos tenemos algo de masoquistas... ¡y de ridículos!
Paco Ibañez

Paco Ibañez en concierto del Liceu:
NOS QUEDA LA PALABRA
Gran Teatre del Liceu, 23/04/07 21:30h.
En directo en: www.aflordetiempo.com
Pdta: Jo... Hacía tiempo que no me ponía un disco suyo, y casi había olvidado lo que me gusta oir su voz, recordando las palabras de los poetas de hoy y de siempre.
Estas son las cosas que me reconcilian con el mundo.
Sant Jordi

Estaba por decir que no me gustan las celebraciones comerciales... pero me acabo de dar cuenta, repasando un poco algunas, que lo que realmente me disgusta es ¡que el comercio se adueñe de las celebraciones!
Es verdad, lo asumo, estamos en la sociedad del consumo, y lo que no se compra ni se vende parece que no tenga valor.
Y también soy consciente de que un día como hoy, por muy comercial que sea, le da un valor añadido a los libros, y esa es una aventura por la que apostaré siempre.
Pero me duele pensar en todo el dinero que estamos invirtiendo en este tipo de cosas... aunque, por otro lado (no seamos tan catastrofistas!), recibir o regalar una rosa (no digamos ya un libro) da cierta ilusión que seguramente no se puede pagar con el precio de lo que valen.
Por lo tanto, hoy intento reconciliarme con este tipo de celebraciones... aunque sea sola, sin rosa, sin libro... y ¡sin capullo!
"Cayuco en las costas de Tenerife" por Desiree Martín

Hoy hablaban en la radio de la foto del día. La de Desiree Martín.
Antes de ver la foto, ni de saber nada de ella, lo que más me ha impresionado es el modo que tiene de hablar. Transmite estar plenamente implicada con una labor, no tanto de fotógrafa, ni de periodista, sino, sobretodo, de mirada crítica sobre un problema de su tierra.
Tanto es así que he buscado la foto. Y es la que veis. No es la típica imagen que todos tenemos de la hambruna, y eso es lo que lo hace más tremendo, porque puede que no vengan a buscar acabar con el hambre, sino que vienen persiguiendo algo a lo que todos tenemos derecho (comentaba Desiree), que es a tener un reto, una aspiración... en definitiva, una vida.
Por otro lado, este tipo de fotógrafos suelen recibir críticas porque, supuestamente, se sientan a mirar la desgracia con un fin puramente "comercial"... (sólo hay que recordar el incidente con la foto que fue premio Pulitzer de Kevin Carter). Pero oyéndola se da uno cuenta de que si no estuvieran ellos para enseñárnoslo (dado que "lo que no sale en las noticias no existe"), si no fuera porque nos hacen de prismático para ver lo que está lejos, no lo veríamos nunca.
Eso me ha hecho pensar dos cosas:
Que es triste que aquello que algunos vienen a buscar (y no dudan en jugarse la vida para conseguirlo), es lo que nosotros tenemos a diario y que, en el mejor de los casos, ni siquiera valoramos.
Y, por otro lado, que ella hace lo que puede en su entorno, que es buscar la fotografía que mejor pueda trasladar una situación terrible que pasa en las costas de su tierra. Pero quizá nosotros no deberíamos ir tan lejos y, si nos esforzáramos por hacer (cada uno de nosotros) algo bueno por los que tenemos al lado... sí, como aquella película, Cadena de favores. O como aquella anécdota de los que leíamos a "Zipi y Zape" de la buena acción del mes...
Ojalá un día nos pongamos todos de acuerdo, hagamos algo bueno por el prójimo, y todo esto cambie de una vez.
tres eran tres

Tengo dos amigas. Con ellas soy un tres. Y me gusta.
Cuando estamos juntas, las veo reírse (en muchas ocasiones reírse de mí) y parecen tan llenas de vida que me da una cierta envidia.
Son dos personas (tan parecidas entre sí como diferentes de mí), a las que parece que les haya tocado vivir una especie de levedad. Veo en ellas una suerte de halo de ingravidez que las hace parecer a menudo que pertenecieran a otro mundo, un mundo en el que viven y que alguna vez abandonan para compartir éste con nosotros.
Y yo las conozco, y sé que sus vidas contienen tantas alegrías y desgracias como la mía, como las de los demás... pero también tienen esa ingenuidad del que sabe que tiene otro lugar, lejos de éste, donde refugiarse y volver a ser niñas.
Con el tiempo se han convertido en esa familia que uno escoge.
Y de algún modo, como el que pinta un graffiti en la pared, he sentido la necesidad de que constaran en algún sitio, tal y como yo las veo. Porque me alegro de que siempre, pase lo que pase, estén ahí.
