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Estupidez humana. Humana sobra: Los únicos estúpidos son los hombres. J Renard
Y no le falta razón a Renard... ciertamente, cuantas más cosas nos preguntamos, más estúpidos somos...
Le damos valor a la inteligencia y ésta, ¿dónde nos lleva? De una pregunta a otra. De una miseria a otra...
Sí: imagino que la inteligencia de un montón de generaciones nos ha llevado hasta donde estamos. Pero, yo me pregunto: ¿Si hubiéramos sido todos más tontos, qué hubiera pasado? Quizá hubiéramos andado menos, pero seríamos más felices, ¿no?
Sigo diciendo cuando miro a mi gato, que puede que sea un ser irracional (y seguramente no tiene ni idea de lo que es la felicidad) pero que está claro que si tiene problemas sólo le duran un rato: Mientras tenga su balcón para mirar el ir y venir de las palomas y los coches tiene suficiente; eso y un lugar en mi sofá para dormir largas siestas...
Y vaya con eso mi reivindicación: ¡en la próxima vida quiero ser un gato inconsciente y mimado como el mío!
absurdo
Mi cerebro es un lugar fértil para preguntas inertes y absurdas.
Yo quisiera crear cosas con sentido, poder escribir relatos o creaciones que le dieran al mundo un sentido... pero como el mundo no tiene sentido para mí, es imposible que de este cerebro nazcan historias con sentido.
Mi padre dice que eso se cura con la edad. No se cura tener preguntas (me dice), pero se cura el agobio que proporciona el no encontrarles respuesta. No sé. Puede que tenga razón. Pero yo sigo viendo el mundo como un lugar absurdo. Igual que lo veía hace diez años.
Un día leí a Albert Camús. Y me di cuenta de que lo que yo pensaba no era original, que otro (¡al menos otro!) había pensado lo mismo que yo. E incluso había sido capaz de plasmarlo con la belleza y profundidad que tienen las palabras de Camús...
Pero Camús me lleva ventaja. Además de la evidente (no escribo como él ni pienso a su altura), otra ventaja me supera, y es que parece que él supo conformarse con la respuesta del absurdo.
Todos los existencialistas se conformaron con algo: Unamuno, Sartre, Camús... todos encontraron un refugio para su búsqueda...
Puede que sea eso, la edad. Quizá cuando tenga más años y me queden menos, la vida (y la muerte) me sean más cercanas y no tenga, si no ya tantas preguntas, al menos tanta necesidad de respuestas.
fotógrafa nonata

Venía caminando, lentamente... e iba pensando en las instantáneas que da una ciudad. Siempre he pensado que sería buena cosa ir con una cámara y captar esos momentos que serían únicos por irrepetibles.
Pero después me doy cuenta de que, en mi caso, no es más que un sueño. Hoy he comprendido por qué:
Nunca me han gustado las fotos: que me hagan fotos. Después lamento no aparecer en ningún recuerdo de nadie, pero quedarme ahí, quieta, observada por el objetivo, esperando a que ese aparato tome el aliento vital que le damos... no sé... no soy capaz.
Pero tampoco sé ser fotógrafa: me voy de viaje y siempre vuelvo con la cámara medio vacía y, bajo el brazo, un libro del lugar visitado, donde se pueda recoger todo aquello que he visitado (¡e incluso lo que no!) con tal de no detenerme yo a hacerlas...
Hoy (nunca es tarde si la dicha es buena) me he dado cuenta de que la posición del que toma la foto también es difícil: debe estar ahí, fuera del tiempo y el espacio, observado por todo el mundo mientras capta ese halo de realidad que le es ofrecido. Para detener el mundo, primero tiene que detenerse él. Para observar es necesario prestarse a ser observado.
Y yo... bueno, me gusta llamar la atención, pero nunca, nunca, ser el centro... puede ser un problema de timidez. Lo que es seguro es que me convierte en una fotógrafa nonata...
hablar por escrito
Soy casi incapaz para hablar por teléfono.
No se me entienda mal: puedo hablar por teléfono cuando se trata de trabajo, o concertar una cita, o algo que no requiera demasiado interés. Incluso he conseguido alguna vez hablar durante muchos minutos cuando el tema ha sido interesante, algo que merezca la pena: una gran tristeza (mía o de mi interlocutor) que requería la urgente compañía de un amigo, una alegría que merecía ser contada rápidamente y sin dar mucho valor al medio de comunicación...
Pero considero que una conversación no radica sólo en las palabras, en la entonación y en la sintonía que éstas adopten. También radica en las miradas, las sonrisas, la música que unos y otros añaden a sus palabras y que, quizá, tengan acaso más valor que éstas mismas.
El teléfono deja fuera de escena tantas "palabras no-verbales" (permítaseme esta licencia) que debo reconocer (no si algo de pudor) que se me hace harto complicado hacer algo tan sencillo como hablar con alguien sin verle.
Quizá por mi relativa facilidad para decir las cosas por escrito, nunca me había dado cuenta de que Internet ha conseguido hacer fácil lo que, pareciera, tendría que ser lo más complicado después de hablar por teléfono: no sólo no escuchar la voz, sino no conocer nada del que habla al otro lado.
Es cierto que la red es capaz de hacer que dos personas desconocidas, ya vivan en dos continentes separados, ya vivan en una misma ciudad, puedan hablar como lo harían si se conocieran de toda la vida.
Pero también ha conseguido quitarle el que yo creo que es el valor máximo a una conversación, a saber, la unión de dos personas, no sólo a través de sus palabras, sino de las sonrisas, los gestos, la musicalidad. No sólo hablo del lenguaje no verbal, sino de todo aquello que va unido a una conversación y que, de pronto, me doy cuenta que es de lo que la estamos despojando cada día más.
