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cosas que hacen que la vida valga la pena
Hoy venía escuchando en la radio, en la Ventana de la Ser, a Manuel Cruz y Manuel Delgado, en un espacio que recomiendo que se llama "Pensar por pensar".
Andaban ellos reflexionando sobre el verano, y la necesidad que tenemos de que el verano sea todo lo que no podemos hacer el resto del año, que parece que sea esa época en la que uno se lo tiene que pasar bien (o de lo contrario se frustra todo el año hasta las siguientes vacaciones)... y, finalmente, pareciera que la conclusión era que lo mejor sería ser feliz todo el año, intentar disfrutar de las pequeñas cosas, y no dejarlo todo en manos de una época concreta.
Así que iba yo en esas, pensando en cómo disfrutar de mi vida antes incluso de que llegue "mi verano", y me ha llamado un amigo. Un tipo que conocí hace más de diez años y que no veo hace más de cinco... Pero alguien con quien pasé los mejores años de mi vida (los cuatro que pasé en la facultad).
Fueron tiempos de aprendizaje, pero también de ilusiones, de conocer cosas nuevas, de compartir... Era aquel tiempo en el que no me costaba levantarme por las mañanas, siempre con una ilusión renovada de disfrutar todos los momentos del día.
Supongo que cuando pasé a levantarme cada mañana casi exclusivamente para trabajar, quedándome sólo un trocito de jornada para ser yo misma y para desintoxicarme del mundo comercial y enajenado fue cuando perdí esa alegría matutina...
Quizá este verano, aunque estaba de acuerdo con eso de que la vida debe aprovecharse en todos sus momentos, quizá este verano recupere aquella ilusión por levantarme cada día, buscando hacer de mi día lo que yo quiera... dejando que el día haga de mí lo que desee: que creo que es donde reside la verdadera felicidad, sin agendas, sin agobios...
Como en aquella canción... "cosas que hacen que la vida valga la pena"...
Pienso, luego estorbo. Forges

Hoy parece que estoy nostálgica... Pero es que estaba leyendo sobre la decisión de Esperanza Aguirre de dar opciones para evitar la asignatura de "Educación para la ciudadanía", y he recordado los últimos tiempos de la facultad, que estuvieron marcados en gran parte por las manifestaciones en contra de la Logse... y he recordado la viñeta de Forges que me tomo la libertad de mostrar aquí (¡si estoy incumpliendo alguna ley sobre los derechos de autor espero que alguien me lo diga sin multarme!!).
Corría Abril de 1996 (si no recuerdo mal), y lamento que hayan pasado diez años y aún sigan insistiendo algunos en intentar enseñar a los niños a no pensar.
amigos pasados y futuros
Hace unos días contaba que me había llamado un amigo de la facultad. Hoy he comido con él. Se va a trabajar fuera del país durante un tiempo y quería despedirse.
Es curioso ver cómo cambian las cosas; Para mí, Juan fue siempre aquel modelo a seguir: ya podía yo sacar las mejores notas de mi vida, que allí estaba Juan para mejorarlas y hacerme sentir que siempre habría alguien más listo que yo. Y como mi nivel de exigencia siempre ha sido elevado, seguía intentando superarme, y lo conseguía, pero como su nivel de exigencia no tenía nada que envidiarle al mío, seguía (siempre seguirá) siendo más inteligente que yo. Y le tenía gran envidia porque, seguramente, cuando él tenía 15 años ya debía haber leído más de lo que yo leeré en toda mi vida. Y con un agravante: ¡él lo recuerda todo! Yo en cambio, alter ego de Funes el Memorioso, olvidé todo lo que aprendí y casi todo lo que viví antes de la semana pasada.
Con el tiempo las cosas han cambiado, él se dedica a lo suyo, y yo a nada de lo que pensé dedicarme en toda la vida (¡y eso que quise ser un montón de cosas cuando era pequeña!). Y nos hemos "vuelto a encontrar".
Esta vez, yo ya no estaba tan preocupada por ser más o menos lista. Y él sigue siendo el tipo más listo que conozco. Pero eso ya no tiene importancia.
Porque, aunque ha venido a despedirse, tengo la sensación de que he recuperado a un amigo.
Porque me ha recordado algo que él mismo me enseñó en la facultad, y es que la amistad está por encima de todo eso.
Porque me doy cuenta de que, a un tipo tan listo, no se le ha olvidado que tiene una amiga como yo en algún lugar, para poder compartir su inteligencia y mis neuras.
Esperanza
Ayer, hablando con una amiga, me di cuenta de la diferencia entre la esperanza y las expectativas. Y de que son las expectativas las que nos destrozan.
La esperanza es un modo positivo de mirar hacia el futuro, es esperar cosas buenas, esperar que el porvenir sea lo que deseamos. Pero esa esperanza se trunca cuando le damos tintes de expectativa.
Ésta última es su pariente pobre. Es el deseo llevado a su máxima expresión de algo concreto sobre el futuro. Esperamos cosas concretas, amaneceres especiales y soñados con un color específico. Esperamos príncipes azules y cuentos de hadas... y la realidad nos sacude con toda su fuerza.
Así: desdeñemos las expectativas, que nada bueno auguran, no esperemos príncipes para encontrarnos ranas, ni palacios donde vivir para acabar en charcas. Esperemos. Sólo esperemos y tengamos esperanza, porque el futuro siempre llega y, si no esperamos nada concreto, seguro que no tendremos que luchar entre nuestra imaginación y la realidad cierta que nos encontremos.
Amar la vida más que a su sentido.

Recientemente he acabado de leer Historia del tiempo, de Stephen W. Hawking. Lo empecé buscando respuesta a mis preguntas. Creo que pensé que alguien tan inteligente tendría respuesta para todas las preguntas que me asaltan a diario...
Sin embargo, me encuentro que Hawking lo único que ha provocado en mi cabeza son más preguntas: los físicos tienen soluciones para entender las leyes que gobiernan lo que conocemos, pero creo que no tienen más idea que nosotros de entender lo que no conocemos. Imagino que por eso no está reñido ser físico con ser creyente: siempre dejan un lugar para un creador, ya que el mundo ha tenido que tener un principio, sea cual fuere.
Y, para rematar, este fin de semana vi una película tan interesante como dura. Se titula Amar la vida. Es del director Mike Nichols, y como casi única protagonista tiene a Emma Thompson. Trata de una profesora de literatura inglesa cuya manera de enfrentarse a la vida es absolutamente racional... hasta que le detectan un cáncer terminal.
De pronto, todos los acercamientos racionales a esto que vivimos no tienen ningún sentido. Imagino que se hace las mismas preguntas que me hago yo... solo que con más premura, porque yo no sé cuánto tiempo me queda de vida, por lo que deduzco que podré vivir muchos más años, pero ella sabe que le quedan días, minutos, segundos... y tiene que enfrentarse, no ya a la vida, sino a la muerte.
Una vez inmersa en la película, pensé que me serviría para relativizar, para darme cuenta de que la vida se tiene que vivir y apostar por el "carpe díem"... pero aún no he encontrado la fórmula. Sólo escucho en mi interior aquello que ponía debajo de las tapas de mi niñez: "sigue buscando".
Así que me quedaré con la célebre frase de Dostoievski: "Amar la vida más que a su sentido".
El séptimo sello

Hablando ayer de preguntas existenciales, podría haberme acordado de "El séptimo sello". Pero no. Me he acordado hoy con la noticia de la muerte de su director, Ingmar Bergman.
Esta es otra de esas obras maestras que consiguen inundarte de preguntas sin respuesta entre las que debatirse.
Es curioso porque nunca me preocupé por saber más de Bergman y hoy, leyendo parte de lo que han dicho de él, me he propuesto indagar más en sus preguntas y en sus caminos.
Es una película obscura, donde un personaje juega al ajedrez con la muerte. La imagen de por sí ya es sugerente... No hay mucho que explicar, porque lo que diga estropea todo aquello que cada cual pueda ver en ella....
